EL SELLO MAS RARO DEL MUNDO

Cada vez que alguien me pregunta cuánto puede llegar a valer una estampilla contesto que desde prácticamente nada (unos pocos centavos de nuestra moneda por cien sellos comunes) hasta un par de millones de dólares. Asombrados, mis interlocutores se interesan por saber que sellos pueden alcanzar estos exorbitantes valores y siempre menciono al famoso “velero magenta” de la Guyana Británica junto con algunos otros sellos famosos por su rareza y valor, como el “Jenny invertido” de los Estados Unidos, los “Misioneros” de Hawaii, los “Post Office” de la isla Mauricio, y el tres skilling amarillo de Suecia.

Sin lugar a dudas, el sello mas raro del mundo es el “velero magenta” de 1c. de la Guyana Británica, aunque no es ni el mas famoso, título que, a mi modesto entender, ostenta el “Jenny invertido” de los Estados Unidos, que hasta fue protagonista de un par de filmes, de un capítulo de “The Simpsons” y título de algunos libros, ni el mas caro, record que posee el tres skilling amarillo de Suecia, por el que llegó a pagarse la friolera de 2,27 millones de dólares.

El sello del que nos ocuparemos en este artículo, mide poco mas de dos centímetros por lado, pesa menos de un gramo, y es actualmente de formato octogonal (originalmente era cuadrado). Tiene un diseño sencillo, una impresión bastante tosca, se encuentra escrito, muy sucio por el matasellos y es considerado una de las emisiones más feas del mundo. Su estado general es malo, está dañado, tiene las cuatro esquinas cortadas y el papel se encuentra adelgazado en el reverso

Que hace entonces que este sello feo y sucio sea el mas raro del mundo? El sencillo hecho que es único. Se conoce un solo ejemplar de esta estampilla.

Conozcamos un poco su historia.

El hoy estado independiente de Guyana, fue hasta el 26 de Mayo de 1996 una colonia inglesa. Está ubicado en la costa noreste de América del Sur, y su capital es Georgetown. Limita al noroeste con Venezuela, al sur con Brasil y al este con Surinam, la ex Guyana Holandesa.

Sobre finales del año 1855, el recién nacido correo de la colonia, se encontraba ante una grave crisis por la escasez de sellos para franquear la correspondencia.
El barco que transportaba desde la conocida impresora “Waterlow & Sons” de Londres, los sellos de esta colonia británica se había hundido durante una tormenta en el océano Atlántico postergando la entrega de su carga por varios meses. Ante esta situación, el entonces Director de Correos de la Guyana, Mr. E. D. Wight, tomó la iniciativa de realizar una emisión provisional.
Los únicos que podían hacer este trabajo eran los editores de la Gaceta Oficial de Georgetown, Joseph Baum y William Dallas quienes finalizaron su labor en Febrero de 1856.
El resultado de la impresión fueron unos sellos en tinta negra sobre papel de color en dos valores, 1 y 4 centavos. El sello de un centavo estaba realizado sobre papel magenta y el de cuatro centavos sobre papel azul. En la parte vertical izquierda tenían impresa la palabra “Postage”, “British” en la horizontal superior, verticalmente en la derecha la indicación del valor (“One cent” o “Four cent”) y en el lado horizontal de base el nombre de la colonia, “Guiana”. Dentro del recuadro podía leerse una frase en latín, “Damus Petimus Que Vicissim”, que significa damos y pedimos recíprocamente. Completaba el diseño un rústico dibujo de un velero de 4 mástiles, que era el emblema de la colonia, en el centro.

La impresión era muy rústica y fácil de falsificar ya en aquella época, por lo que el Director de Correos ordenó a todos los expendedores de estampillas de la colonia, que firmaran los ejemplares vendidos para evitar el uso de copias apócrifas.

Su rastro se pierde y su existencia se desconoce por completo, hasta el año 1873, cuando un joven escolar de 12 años, coleccionista de Georgetown, llamado Louis Vernon Vaughan encontró varias cartas dentro de un baúl, cuando revolvía en el altillo de una vieja residencia familiar en busca de estampillas para su colección. Una de estas cartas tenía adherido el sello que hoy nos ocupa.
Luego de despegarlo, lo incorporó a su incipiente colección.

Un año mas tarde, deseando comprar una vistosa serie de estampillas nuevas que había visto en un comercio filatélico, y no disponiendo de la suma necesaria, el joven Vaughan resolvió vender algunos sellos que no eran de su agrado. Se desprendió así de la fea y sucia estampilla de 1 centavo, vendiéndosela a N. R. McKinnon en 6 chelines, algo menos de un dólar y medio.

Cinco años después, en 1879, Mr. McKinnon envió toda su colección a Londres para su venta, donde Thomas Ridpath, un comerciante de Liverpool, pagó 180 libras por la misma, el equivalente a 600 dólares.
Algunos cuentan que McKinnon vendió su colección a un escocés llamado Wylie Hill y que éste la vendió posteriormente a Ridpath.

Menos de un año le tomó al comerciante encontrar un comprador para el sello, y fue nada menos que el filatelista mas famoso de todos los tiempos: el legendario Conde Arnold Philippe de la Renotiere von Ferrari, quien compraba toda estampilla que se le ofreciera. El Conde pagó en el año 1880 una suma bastante elevada para la época: 150 libras, equivalentes a unos 352.750 francos o 750 dólares por ese entonces y lo conservó en su poder descartando tentadoras ofertas hasta su muerte, en el año 1917.
Ferrari, proveniente de una familia de origen italiano, había nacido en el imperio Austro-Húngaro, se había naturalizado alemán y murió en Suiza. En su testamento legó su colección al Museo Postal de Berlín, pero su deseo no llegó a cumplirse.
A pesar de haber muerto fuera de Francia, el gobierno francés se incautó de su colección por considerarla propiedad enemiga y dispuso su subasta como compensación de deudas de guerra.
Así fue que en el año 1922, mas precisamente el 6 de Abril, en París, Charles Nissen (en representación del rey Jorge V de Inglaterra), Maurice Burrus (conocido millonario y coleccionista alsaciano), y Hugo Griebert (en nombre del millonario americano Arthur Hind) se disputaron el ya famoso sello. El representante del rey llegó a ofertar hasta 200.000 francos, pero su oferta fue rápidamente superada y abandonó la puja. Mr. Burrus se plantó en 290.000 francos y finalmente el sello se vendió en 300.000 francos (unos 35.250 dólares) al representante de Hind.
El interés de la Corona Británica por el sello se basaba en que era, y sigue siendo aún, la única estampilla que falta en la Colección Real de Colonias Inglesas.
Así fue que el “velero magenta” viajó desde Europa hasta los Estados Unidos, mas precisamente a Utica, en el estado de New York, donde residía Mr. Arthur Hind.

Es a esta altura de la historia que nace una de las anécdotas más conocidas del mundo de la filatelia, sin saberse aún si es invención o realidad. Mr. Hind se jactaba en relatar que al poco tiempo de divulgarse la noticia de la adquisición del famoso sello por su parte, se presentó en su residencia un misterioso personaje de quien solo se recuerda su apellido: Dietz. Esta persona, con infinitas precauciones, le ofreció en venta un segundo ejemplar del sello de 1 centavo, idéntico al que poseía Hind. El millonario relataba que compró este segundo sello y que, delante del asombrado vendedor, lo prendió fuego con el cigarro que en esos momentos fumaba, mientras que declaraba con una sonrisa de satisfacción a su estupefacto interlocutor: “…ahora estoy seguro de ser el dueño del único ejemplar existente…”

Pero por más millones y sello único que poseyera, Hind no pudo escapar de la muerte, y su viuda, que no era ni filatelista ni tonta, vendió la colección excepto este sello, que guardó por varios años.

En el año 1940 decidió vender la estampilla en forma privada a un personaje que no quiso revelar su nombre y se escudó en el seudónimo de “Mr. Atlanticus”. La cifra pagada por R. H. Macy & Co., representantes del misterioso personaje, no la conozco con exactitud, ya que he leído varios artículo en donde se habla de entre 40 y 75 mil dólares.
30 años se ocultó Mr. Atlanticus en su seudónimo, ni su mujer sabía que su esposo era el misterioso y anónimo poseedor del rarísimo sello. Finalmente, en 1970, se resolvió a vender su joya y a revelar su identidad: se llamaba Frederick T. Small, de nacionalidad australiana y residía en Fort Lauderlade, Florida, Estados Unidos. En una subasta realizada en el hotel Waldorf Astoria de Nueva York, el 24 de Marzo de 1970, M. Irving Weinberg, residente en Wilkes-Barre, Pennsylvania, en representación de un grupo de ocho personas, pagó la nada despreciable suma de 280.000 dólares por la estampilla.

La inversión como tal, fue muy criticada ya que el precio pagado por el sello se tildó de absurdo, y se dice que varias veces se lo trató de vender en forma privada sin éxito, por lo que trataron de elevar el precio del mercado sacándolo a remate. Así fue que, después de 10 años, el grupo encabezado por Weinberg puso en venta el codiciado sello adjudicándose el 5 de Abril de 1980, en una suma tres veces mayor de la que fue comprado: alcanzó el precio record de casi un millón de dólares en una subasta de Robert A. Siegel, 935 mil dólares para ser exactos.

El sello se exhibió en la Exposición Filatélica Mundial de Filadelfia “Interphil”, del 29 de Mayo al 6 de Junio de 1976. Estaba en el centro de un salón, dentro de una caja de cristal, custodiado todo el tiempo por dos guardias debidamente armados. Para verlo, los interesados tenían que registrarse y ponerse en la enorme fila que diariamente se formaba. Habían pasado 20 años desde su anterior aparición en público en Nueva York.

Estudiándolo técnicamente en detalle, se puede observar en la parte superior izquierda una firma ilegible que se cree podría ser la de E. D. Wight y con claridad parte de la cancelación con las primeras letras del nombre Demenara, barrio de la costa este de Georgetown.

Hasta aquí es lo que puedo contarles del sello mas raro del mundo, quien es su actual poseedor es un misterio que no aparece en ninguno de los trabajos que consulté para escribir este modesto artículo, solo conozco las palabras de un ejecutivo de Siegel, quien afirmó que “…el nuevo propietario es un americano de sexo masculino que vive al este del río Mississippi…” Se presume que es un banquero que lo tiene bajo el cuidado de las mas modernas tecnologías de seguridad.

Guyana ha dedicado una emisión a este famoso sello en el año 1967 (Yvert 252-3) bajo el mismo título que este artículo. También aparece en un sello del mismo país (Yvert 543) de la serie de 1979 dedicada al Centenario de la muerte de Rowland Hill (Yvert 542-5)

Ing. Guillermo Anderson